pluton1
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| Puntos: | 13.353 |
| Clasificación: | 466 |
| Adversarios vencidos: |
58.763 (403.)
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Limit
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| Pueblos (4) |
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581|479 |
7.169 |
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584|478 |
2.942 |
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580|484 |
2.063 |
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585|481 |
1.179 |
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Perfil
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Texto personal
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UNA PIEDRA EN EL ZAPATO
El monismo. La perspectiva de que el mundo es uno mismo. La inexistencia del dos, el colapso de todos los binarios, la mutualidad de opuestos, la falsedad de todas las distinciones, el abandono de todo concepto lingüístico.
Esto es radicalmente diferente a lo normal en nuestra experiencia. Tu y yo vivimos en un mundo que está lleno de cosas – los objetos, eventos, ideas, y sentimientos – que encontramos en nuestra experiencia. Esa es nuestra perspectiva normal, y sigue la formula básica del lenguaje: Sujeto y Objeto. Es decir, la mente divide la realidad con sus palabras, y la palabra primordial es Yo.
En la perspectiva monista no hay cosas, y no hay Yo. Hay solo un todo. La mente puede entender la definición del monismo, pero es incapaz de ver el mundo de esa manera. En la mente siempre hay cosas, siempre hay ideas, siempre hay creencias, siempre hay palabras. Es la interpretación automática del presente en base al pasado o al futuro.
Cuando la mente se relaja, desaparece.
Cuando la personalidad se relaja, desaparece.
Cuando no hay separaciones, todo es uno.
Eso es el presente.
Inténtalo.
Desaparécete.
No vas a poder, porque lo estás intentando. Tu mente tiene un objetivo que valora por razones que encuentra en tu pasado, entonces su motivación para desaparecer reafirma la importancia de su existencia.
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Morir, dormir y en ese sueño acabar con todos los problemas! ¡Por eso es un final piadosamente deseado! Porque con ese simple sueño podríamos dar fin al dolor y a los innumerables conflictos que constituyen la herencia de la carne! SÍ, morir, dormir…tal vez soñar. Pero ese también es un gran dilema. Porque ¿qué sueños podemos tener cuando nos hayamos liberado del torbellino de la vida? Eso es lo que nos detiene, esa es la duda que da tan larga vida a nuestras calamidades. Porque ¿ quién aguantaría los ultrajes y desdenes del tiempo, el agravio del opresor, la afrenta del soberbio, los sufrimientos del amor desairado, la tardanza de la justicia, la insolencia de la autoridad o el mal trato que de los indigno recibe el mérito paciente cuando, él mismo, podría acabar con todos sus problemas con un puñal?¿ Quién soportaría llevar pesadas cargas en una vida fatigosa si no temiera algo después de la muerte, ese país sin descubrir, de cuyos confines ningún viajero retorna, que desconcierta la voluntad y nos hace soportar los numerosos males que nos afligen antes que lanzarnos hacia otros que desconocemos? Y así es como la conciencia nos hace a todos unos cobardes porque la fuerza de la decisión que hemos tenido en un momento resolutivo se debilita con los enfermizos y acobardados pensamientos que no podemos evitar . Y esos pensamientos temerosos tuercen el curso de nuestra valiente decisión que se aplaza continuamente y consiguen que no se convierta nunca en acción…
Ser, o no ser, ésa es la cuestión.
¿Cuál es más digna acción del ánimo,
sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta,
u oponer los brazos a este torrente de calamidades,
y darlas fin con atrevida resistencia?
Morir es dormir. ¿No más?
¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron
y los dolores sin número,
patrimonio de nuestra débil naturaleza?…
Este es un término que deberíamos solicitar con ansia.
Morir es dormir… y tal vez soñar.
Sí, y ved aquí el grande obstáculo,
porque el considerar que sueños
podrán ocurrir en el silencio del sepulcro,
cuando hayamos abandonado este despojo mortal,
es razón harto poderosa para detenernos.
Esta es la consideración que hace nuestra infelicidad tan larga.
¿Quién, si esto no fuese, aguantaría la lentitud de los tribunales,
la insolencia de los empleados,
las tropelías que recibe pacífico
el mérito de los hombres más indignos,
las angustias de un mal pagado amor,
las injurias y quebrantos de la edad,
la violencia de los tiranos,
el desprecio de los soberbios?
Cuando el que esto sufre,
pudiera procurar su quietud con sólo un puñal.
¿Quién podría tolerar tanta opresión, sudando,
gimiendo bajo el peso de una vida molesta
si no fuese que el temor de que existe alguna cosa más allá de la Muerte
(aquel país desconocido de cuyos límites ningún caminante torna)
nos embaraza en dudas
y nos hace sufrir los males que nos cercan;
antes que ir a buscar otros de que no tenemos seguro conocimiento?
Esta previsión nos hace a todos cobardes,
así la natural tintura del valor se debilita
con los barnices pálidos de la prudencia,
las empresas de mayor importancia
por esta sola consideración mudan camino,
no se ejecutan y se reducen a designios vanos.
Pero… ¡la hermosa Ofelia! Graciosa niña,
espero que mis defectos no serán olvidados en tus oraciones. |
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